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La irónica y pegajosa historia del algodón de azúcar y quién lo inventó

El algodón de azúcar es uno de los típicos dulces que todo el mundo puede encontrarse en una feria o en puestos de comida.

Tan apetecible es este dulce, que incluso es posible encontrar en internet máquinas para crear tu propio algodón de azúcar en casa.

Puede que esta inocente golosina con aspecto suave y esponjoso, puede ser una de las armas más letales contra el esmalte de nuestros dientes. Su alta concentración en azúcar, convierte al algodón de azúcar en el mejor aliado de las caries.

Afortunadamente, no es un alimento muy común, y lo solemos ingerir en ocasiones puntuales y períodos muy concretos. Durante primavera y verano abundan las ferias, mercados y las visitas al parque de atracciones, donde fácilmente podemos encontrar  algodón de azúcar.

Pero, ¿Conoces la historia del creador del algodón de azúcar?

algodon de azucar

Bill Morrison, el dentista que inventó el algodón de azúcar

No es una broma, el algodón de azúcar fue creado por un dentista llamado Bill Morrison pero con la colaboración de John Chemical. Wharton.

Juntos, en 1897, construyeron y patentaron la primera máquina de algodón de azúcar eléctrica: un bol metálico que contenía un cabezal giratorio central abarrotado de cristales de azúcares y perforado con agujeros minúsculos.

Morrison, originario de Tennessee, presentaría en 1904 en una feria mundial de St. Louis su invento y el algodón de azúcar.

algodon de azucar

Cómo funciona una máquina de algodón de azúcar

El invento funcionaba de manera bastante parecida a las modernas máquinas de algodón de azúcar que puedes ver hoy en día. Tecnológicamente hay pocos cambios de diseño.

En la zona central de la máquina se derriten los cristales de azúcar hasta convertirlos en almíbar Una vez está en estado líquido por el calor, el cabezal con el líquido interior comienza a girar a más de 400 revoluciones por minuto.

El azúcar en estado líquido, sale despedido por los micro agujeros del cabezal gracias a la fuerza centrífuga. Casi al instante el azúcar líquido se solidifica con el aire creando finas hebras de hilo de azúcar.

Estas hebras se cristalizan de manera muy fina, aproximadamente en 50 micrones.Se le puede añadir algún tipo de colorante o aroma líquido para variar su color o sabor.

El algodón de azúcar y la feria: el origen

La máquina de Morrison y Wharton llamó considerablemente la atención del público durante la Feria Mundial de St. Louis en Luisiana de 1904. A pesar de las atracciones disponibles que existían en la feria como toboganes o una rueda observatoria durante esa edición, lo que llamó la atención a los más de 35.000 asistentes fue la máquina de algodón de azúcar.

 Morrison y Wharton vendieron 68.655 porciones de algodón de azúcar bajo el nombre de  «hilo de hadas». Por aquel entonces, la palabra “algodón de azúcar” no se utilizaba para este dulce.

La palabra «algodón de azúcar» se adoptó durante 1920 por otro dentista llamado Josef Lascaux,. Lascaux, tras finalizar la patente de la máquina original de algodón de azúcar, intentó rediseñar la máquina original y la fabricación de dulces sobre el modelo de Morrison con Wharton, no obstante jamás consiguió mejorar su diseño.

Lascaux decidió comercializar el producto bajo el nombre de “algodón de azúcar” sustituyendo al antiguo llamado “hilo de hadas” asociado a sus creadores.

A día de hoy, en Australia se sigue conociendo al algodón de azúcar como “hilo de hadas”.

No fue hasta 1949, con la introducción de las bases con resortes, que la máquina de algodón de azúcar recibió su primera actualización sustancial. Tan sustancial que la empresa responsable de la innovación, Gold Medal Products (Cincinnati, Ohio), construye y vende casi todas las máquinas de algodón de azúcar que se utilizan hoy en día. 

A lo largo de los años 60 y 70, una variedad de avances automatizan todo el proceso, desde el hilado hasta el empaquetado  y aceleraron el proceso de fabricación nivel industrial.

El algodón de azúcar en la historia

El algodón de azúcar no es un invento moderno. Según el libro de Tim Richardson: Historia de los caramelos, se remonta al menos al siglo XV, cuando reposteros italianos construyeron fantásticas esculturas a partir de azúcar hilado, primero derritiendo el azúcar, luego sacándolo con un tenedor y colocando los finos hilos sobre el mango de una escoba de madera.

En el siglo XVI, Enrique III de Francia, en una visita de estado a Venecia, fue agasajado con un banquete de azúcar, con cubiertos y manteles de azúcar hilado; y a principios del siglo XIX, la célebre chef francesa Marie-Antoine Carême (que hizo el pastel de bodas de Napoleón) fue famosa por sus molinos de viento de azúcar hilado, fuentes, góndolas, templos y palacios.

Incluso la cocinera menos exaltada podía probar su mano en el azúcar hilado: La experimentada ama de casa inglesa de Elizabeth Raffald (1769) incluye recetas de telarañas de oro y plata para cubrir los dulces, hechas dibujando jarabe de azúcar con la punta de un cuchillo y batiéndose «lo más rápido posible de un lado a otro» a través de un molde hecho de un tazón de mantequilla invertido.

Aún así, el azúcar hilado era una receta difícil y laboriosa, y permaneció como un manjar o postre para los ricos ociosos hasta la llegada de la máquina de algodón de azúcar.

Aunque hemos visto que el algodón de azúcar no es bueno para los dientes, cabe destacar que tiene menos azúcar del que contiene una coca-cola. Además no posee grasas, sodio o colesterol como otros dulces.

No obstante recuerda utilizar un dentífrico con flúor que proteja tu boca y cepillarte los dientes correctamente después de cada comida, incluyendo los dulces o un delicioso algodón de azúcar.

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